Grupos de cubanoestadunidenses de línea ultraconservadora en Miami impulsan abiertamente una estrategia de presión política en Estados Unidos para promover un cambio de régimen en Cuba. Una vez más —como ha ocurrido en distintos momentos del pasado— consideran que “ahora sí” existe la posibilidad de derrocar al gobierno de la isla. Sin embargo, entre estos sectores también existe inquietud de que el presidente Donald Trump y el secretario de Estado, Marco Rubio, prioricen únicamente reformas económicas sin eliminar completamente al actual sistema político.
“Creo que se puede alcanzar fácilmente un acuerdo con Cuba”, declaró el mandatario estadounidense el sábado durante una visita a Miami. “Ellos quieren negociar y ya están hablando con Marco, conmigo y con algunos otros”.
Semanas antes, Rubio había señalado en una reunión de la Comunidad del Caribe (Caricom) que “Cuba necesita cambios. No necesariamente tienen que hacerse todos al mismo tiempo, de un día para otro. Aquí todos somos adultos y realistas”. No obstante, estos mensajes oficiales se combinan ocasionalmente con otros discursos que sostienen que el gobierno de La Habana “ya está viviendo sus últimos días”.
Mientras tanto, continúan circulando rumores sobre un posible acuerdo enfocado en transformaciones económicas, aunque el gobierno cubano ha reiterado que no existen negociaciones de ese tipo.
Hechos que alimentan las expectativas
La operación militar en Venezuela y el secuestro de su presidente, junto con el endurecimiento del discurso oficial contra Cuba y el bloqueo del suministro de petróleo hacia la isla, han generado expectativas en Miami de que Trump podría estar dispuesto a recurrir incluso a la fuerza militar para derrocar al gobierno cubano. Así lo explicó Guillermo Grenier, profesor de la Universidad Internacional de Florida, quien durante tres décadas ha dirigido uno de los estudios más reconocidos sobre la opinión de la comunidad cubanoestadunidense en el sur de Florida.
De acuerdo con Grenier, la retórica del presidente estadounidense ha revitalizado a un sector extremista que en años recientes había perdido protagonismo. “El incidente de la lancha que ingresó en aguas cubanas demuestra que hay un grupo que vuelve a aparecer; son personas que habían estado bastante marginadas en décadas recientes. Ahora esas voces están ganando espacio y atención mediática”, comentó en entrevista.
A principios de marzo, representantes de unos 30 grupos de ultraderecha se reunieron en una iglesia católica de Miami para rezar antes de presentar un llamado “manifiesto de la libertad”, en el que exigieron la disolución del Partido Comunista de Cuba.
Tras versiones publicadas por medios estadounidenses de que funcionarios cercanos a Rubio habrían sostenido encuentros con Raúl Guillermo Rodríguez Castro —nieto de Raúl Castro— en el marco de supuestas conversaciones, el fiscal general de Florida anunció rápidamente la reapertura de una “investigación criminal” contra Raúl Castro por el derribo de una avioneta del grupo Hermanos al Rescate ocurrido en 1996.
Al mismo tiempo, el Departamento de Justicia de Estados Unidos estudia posibles acusaciones penales contra altos mandos cubanos. Algunos especialistas consideran que estas acciones podrían formar parte de una estrategia de presión para futuras negociaciones, mientras que otros advierten que un procedimiento similar fue utilizado previamente para justificar el secuestro del presidente venezolano Nicolás Maduro.
“La comunidad del exilio cubano quiere un cambio político y ahora tienen a Rubio diciendo que tal vez no es necesario, que se puede impulsar un cambio económico en la isla porque eso es lo que necesita la gente”, señaló Grenier.
El experto añadió que entre algunos cubanoestadunidenses existe rechazo a esa postura del secretario de Estado. Sin embargo, también afirma conocer a varios empresarios y miembros de ese sector que buscan oportunidades comerciales en la isla y han intentado transmitir esa idea al gobierno de Trump, especialmente tras los acontecimientos en Venezuela.
Mayoría favorable al diálogo
De acuerdo con los sondeos realizados por Grenier desde principios de la década de 1990, cerca de 40 por ciento de los cubanoestadunidenses del sur de Florida apoyaría una acción violenta contra el gobierno cubano. No obstante, históricamente la mayoría se ha mostrado a favor de mantener un diálogo con las autoridades de la isla.
Incluso, según el académico, algunos de quienes respaldarían una ofensiva también ven con buenos ojos las negociaciones. “Si realizara una encuesta ahora mismo, apostaría a que más del 50 por ciento —incluso hasta el 60— de la comunidad diría que deberíamos reunirnos con el gobierno cubano y dialogar”, afirmó.
Impulso legislativo
Tres legisladores republicanos cubanoestadunidenses del sur de Florida han sido firmes promotores del cambio de régimen en Cuba, aunque no necesariamente reflejan la postura mayoritaria de sus votantes. El congresista Carlos Giménez expresó el sábado su respaldo a las políticas del presidente estadounidense: “Estoy muy satisfecho con lo que está haciendo el presidente al volver a poner el foco en Cuba, reconocer que representa una amenaza para la seguridad nacional y ejercer máxima presión para derribar ese régimen”.
Por su parte, la congresista María Elvira Salazar exigió recientemente a la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, que suspenda el envío de petróleo a Cuba y elogió a Trump cuando presionó a México para cumplir con esa exigencia.
En el ámbito estatal, legisladores republicanos han impulsado un proyecto de ley que permitiría reactivar el comercio entre Florida y Cuba si se produce un cambio de régimen en la isla. Asimismo, autoridades de Hialeah —la ciudad estadounidense con mayor proporción de cubanoestadunidenses— han comenzado a discutir posibles escenarios ante un eventual nuevo gobierno cubano.
“Hemos esperado 67 años para esto”, declaró el alcalde Bryan Calvo al medio Politico. “Esperamos que ocurra lo antes posible, pero creo que podríamos ver algo incluso antes de las elecciones intermedias de noviembre”.
Durante una ceremonia realizada el viernes en la Casa Blanca para celebrar el campeonato del equipo de futbol de Miami en la Copa de las Ligas Mayores de Soccer —evento en el que Trump felicitó al jugador Lionel Messi— el propietario del club, Jorge Mas, recordó cómo su familia abandonó Cuba tras la revolución y mencionó el liderazgo de su padre, Jorge Mas Canosa, dentro del movimiento anticastrista en Estados Unidos.
El propio Trump comentó durante la celebración: “Sospecho que pronto nos volveremos a reunir para festejar lo que está ocurriendo en Cuba”.
No prevén que estas presiones frenen un acuerdo
Ante la posibilidad de que estas posiciones políticas obstaculicen un eventual acuerdo impulsado por Trump con el gobierno cubano centrado en reformas económicas, Grenier considera que eso es poco probable.
“Si Rubio decide que los cambios económicos son más importantes que los políticos, y queda claro que el gobierno de Trump seguirá ese camino, los cubanos en Miami terminarán apoyándolo”, afirmó.
Aunque anticipa que podrían presentarse protestas frente al emblemático restaurante Versalles en la Calle Ocho contra un acuerdo de ese tipo, cree que la mayoría de la comunidad cubanoestadunidense terminaría respaldando la decisión.
Grenier reiteró un argumento que ha sostenido en diversas ocasiones: desde hace tiempo, la política hacia Cuba ya no se define en Miami sino en Washington.
Finalmente, subrayó que la última palabra la tiene el propio Trump, quien además reside en el sur de Florida y ha demostrado ser un dirigente difícil de predecir.
